"La otra mirada": La obra del Maestro Enrique Grau llega a las salas de exposición de la FUGA
"La otra mirada": La obra del Maestro Enrique Grau llega a las salas de exposición de la FUGA

- Una exposición que descubre la faceta más crítica y social del pintor Enrique Grau a través de 26 piezas que desafían el silencio y narran la historia del conflicto en Colombia.
- Obras creadas entre 1980 y los 2000, una etapa de agitación social en la que el pintor se alejó de su trabajo convencional para explorar el conflicto armado a través del arte.
- Inauguración: jueves 3 de abril, 7:00 p.m., en las salas de exposición de la FUGA (Calle 10 #3-16). La exposición estará disponible al público hasta el 3 de mayo de 2025. Entrada libre.
- Una muestra presentada con motivo de la Franja ConMemoria inspirada en la conmemoración del 9 de abril 'Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado'.
Como parte de la conmemoración del 'Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado', este jueves 3 de abril la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA) inaugura en sus salas de exposición ‘Grau, la otra mirada: reflexión sobre el conflicto armado’, obra del Maestro Colombo-Panameño Enrique Grau que hace referencia a uno de los capítulos más turbulentos de la historia colombiana.
La exposición, que ha sido posible gracias a la colaboración de la Fundación Enrique Grau Araujo con la FUGA y que se realiza en el marco de la Franja ConMemoria, un espacio artístico y cultural que tiene como propósito contribuir a la construcción de paz, por medio de la visibilización de acciones artisticas que buscan por medio de la memoria ofrecer espacios de participación y reconocimiento a las víctimas del conflicto armado, permanecerá en exhibición hasta el 3 de mayo de 2025.
El maestro Enrique Grau, a través de 26 piezas, abordó uno de los capítulos más oscuros de la historia colombiana, presentando episodios de violencia que marcaron la nación entre los años 80 y principios de los 2000. En este periodo no solo consolidó su legado plástico, sino que impregnó su obra de una densidad simbólica, donde la luz y la sombra, la memoria y la resistencia se entrelazan en un diálogo con la realidad del país, revelando una dimensión poco conocida del artista, más allá de su icónica exploración de la figura femenina, la mitología caribe y su dominio del retrato.
Blanca Andrea Sánchez, directora de la FUGA, explicó que la obra del maestro Enrique Grau es un testimonio visual poderoso que refleja la mirada del artista de uno de las épocas más complejas de nuestra historia, ya que, a través de su pincel, logró capturar la complejidad del conflicto, el dolor de las víctimas y las cicatrices que la violencia dejó en el país. Señaló que esta exposición no solo permite redescubrir su legado artístico, sino que también invita a pensar y sentir sobre la violencia y a reconocer el papel del arte en la construcción de memoria.

"El arte tiene la capacidad de contar lo que a veces las palabras no pueden expresar. Con esta exposición queremos generar un espacio para el diálogo y la reflexión, donde las heridas del pasado puedan transformarse en caminos de sanación. En Bogotá trabajamos para que la cultura y las diferentes expresiones del arte sean un puente hacia el encuentro de visiones y la reconciliación, porque sabemos que el arte es una herramienta fundamental para reconstruir el tejido social y dignificar la memoria de quienes han vivido el conflicto", expresó la directora.
Con estos procesos la FUGA, bajo la visión de la Alcaldía Mayor de Bogotá, reafirma su compromiso con la cultura diversa del país como elemento esencial para la transformación social, de imaginarios y de la memoria. Esta exposición es una invitación a mirar de frente nuestra historia a los ojos del artista, comprenderla y, a partir de allí, plantear un reflexión solidaria.
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Sobre ‘La otra mirada’ de Grau
En el periodo que el maestro desarrolló esta obra, plasmó su visión sobre la realidad colombiana en una serie de dibujos, pinturas y esculturas que confrontan de manera cruda y simbólica la violencia del país. Estas obras revelan su dominio técnico y conceptual, estableciendo un diálogo con referentes como Goya, Rembrandt y Arcimboldo, artistas que, como él, usaron el arte para evidenciar la brutalidad y la injusticia de su tiempo.
Quienes visiten la muestra encontrarán una obra que interpela y sacude. A través de arte, se muestra cómo Grau transforma el dolor en una narrativa visual potente, en la que las víctimas y los victimarios emergen como protagonistas de una historia que aún deja cicatrices. Más allá del documento artístico, estas piezas son un ejercicio de memoria que nos confronta con preguntas urgentes sobre el pasado y el presente del país. La otra mirada invita a repensar la memoria histórica como un proceso en constante construcción.
La muestra, cuya curaduría está compuesta por 26 obras –25 que hacen parte de la Fundación Enrique Grau Araujo y una pieza que forma parte de la Colección de Arte FUGA y que fue incluida como un homenaje al Maestro-, está dividida en dos salas diseñadas para ofrecer una experiencia inmersiva y profunda en la obra de Grau, resaltando su capacidad para convertir el arte en un espejo de la sociedad.
Rodolfo Castillo Grau, gestor cultural y sobrino de Enrique Grau, contó que, a partir de los años 80, la mirada del Maestro se tornó aún más crítica. Se alejó de los retratos de la élite colombiana para abordar la violencia y el sufrimiento de las víctimas del conflicto armado, convirtiendo su obra en un testimonio de las heridas abiertas de la sociedad. En este periodo, sus lienzos se transformaron en un espacio donde el arte y la cultura imprimen una mirada y aporte a la construcción de paz y memoria. Desde una visión profundamente humana, Grau exploró las tensiones entre identidad y exclusión, poniendo en diálogo la diversidad cultural del país con las profundas brechas sociales que lo atraviesan.
“Grau, un buen día, dijo: ‘Ya no voy a pintar retratos’ y, a partir de esa decisión, comenzó a pintar otras cosas. Decidió representar los actos de violencia que nos han contado, pero de los cuales no tenemos un registro gráfico. Pensando en el compromiso que tenía con la sociedad y en dejar un testimonio de lo que sucedió, creó esa obra fantástica que se llama ‘La violencia’. La Fundación la ha bautizado ‘Grau, la otra mirada’, porque eso es exactamente lo que es: una mirada diferente, una mirada que realmente impacta” señaló Castillo Grau.
Las obras estarán en las salas de exposición 1 y 2 de la FUGA:
Sala 1: “Herencia y representación”
En esta sala se exhibirá una de las obras más significativas de Grau: Escultura de San Pedro Claver (1998), concebida para Cartagena. A través de esta pieza, el artista reinterpreta el legado colonial con una mirada crítica e innovadora. En lugar de seguir la tradición iconográfica que exalta la figura del santo sobre los esclavizados, Grau establece una relación de igualdad visual entre ambos cuerpos, desafiando la narrativa impuesta por siglos de representaciones jerárquicas. Esta decisión no es casual: es una declaración contundente sobre la dignidad arrebatada y la resistencia de los pueblos oprimidos. Al equilibrar las proporciones y el peso simbólico de ambas figuras, el Maestro nos invita a cuestionar las estructuras de poder que aún persisten en nuestra sociedad.
Sala 2: “Testimonios perdurables”
En la segunda sala, la exposición nos sumerge en la evolución artística de Grau, un proceso que lo llevó a apartarse de los retratos de la élite colombiana para explorar las profundas heridas de la violencia. Influenciado por las vanguardias europeas, en sus últimos años el artista se adentró en un territorio oscuro y desgarrador, creando obras que confrontan de manera directa las atrocidades del conflicto armado. Aquí, los cuerpos fragmentados, los rostros deformados y las escenas cargadas de tensión nos interpelan desde el lienzo, exigiendo que miremos aquello que muchos prefieren ignorar. A través de una maestría compositiva que juega con planos, contrastes cromáticos y distorsiones expresivas, Grau nos enfrenta con una verdad incómoda: la violencia no es solo un episodio del pasado, sino una herida abierta en la historia social y política de Colombia. Sus obras, lejos de ser meras representaciones, son un grito visual que sigue resonando en nuestro presente.
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Enrique Grau Araujo
Considerado una de las figuras más influyentes del arte colombiano, Grau construyó un universo pictórico que trasciende el tiempo. Aunque nació en Panamá en 1920, por decisión de su madre, su vida y obra estuvieron profundamente ligadas a Cartagena, ciudad a la que regresó a los pocos días de nacer y que marcaría su identidad artística. Su formación comenzó con una beca del gobierno colombiano en la Art Students' League de Nueva York, donde se sumergió en las corrientes vanguardistas del siglo XX. Durante su estancia en Estados Unidos y Europa, estudió de cerca la obra de Picasso y Braque, incorporando a su lenguaje plástico la fragmentación del espacio, las formas geométricas y la simplificación de las figuras. Posteriormente, en Italia, perfeccionó su destreza como muralista, pintor y dibujante, explorando nuevas posibilidades expresivas en el color y la forma.
Su paso por Florencia lo llevó a consolidar un lenguaje en el que el cubismo se convirtió en una herramienta para reinterpretar la realidad, pero su búsqueda no se detuvo allí. Grau evolucionó constantemente, asimilando influencias del expresionismo, la figuración narrativa y, finalmente, del arte contemporáneo, con una obra que dialoga con su tiempo sin perder su esencia. En sus lienzos y murales, las tradiciones caribeñas, la memoria cultural y una exploración profunda de la identidad se entrelazan en un legado que sigue desafiando los límites de la creación.
Posteriormente, regresó a Colombia para iniciar una carrera que rápidamente lo convirtió en un ícono por su profunda obra pictórica, su maestría en el retrato y su compromiso con la realidad social y política. Su obra abarcó diversos géneros, pero fue en la pintura, el dibujo y el grabado donde dejó su huella más significativa, con un estilo único que reflejaba la complejidad de la historia y las transformaciones sociales del país.
Sin embargo, su arte no se limitó a la experimentación formal; Grau fue también un narrador visual de las tensiones y contrastes de Colombia. En su universo pictórico, la figura femenina se convirtió en símbolo de identidad y resistencia. Mujeres afrodescendientes, indígenas y mestizas protagonizan sus lienzos, reivindicando su papel en la memoria cultural y social. A través de su obra, Grau dio visibilidad a la riqueza multicultural del país, capturando en sus retratos la diversidad de rostros, historias y tradiciones que componen el tejido social colombiano. "La mulata cartagenera", una de sus imágenes más emblemáticas, evoca la fuerza y belleza de la identidad caribeña, mientras que otras series, como "Las Marionetas" y "Las Máscaras", exploran la teatralidad del poder y la fragilidad del ser humano en un contexto de constantes desigualdades.
Con el paso del tiempo, Grau adoptó un enfoque más comprometido con la memoria histórica y la justicia social, creando piezas que cuestionaban las jerarquías impuestas y visibilizaban a los sectores marginados. Aunque no fue un artista abiertamente político, su obra está cargada de simbolismo y representa una profunda crítica a las estructuras de poder y a la historia del país. A través de sus lienzos, reflexionó sobre la marginalización, el colonialismo y la construcción de la identidad nacional, convirtiendo el arte en un espacio de cuestionamiento y resistencia. Así, su legado no solo dejó una impronta en la historia del arte colombiano, sino que sigue siendo un espejo en el que el país puede mirar sus cicatrices y su diversidad.
Además de su obra pictórica, Grau incursionó en el teatro y el cine, diseñando escenografías que reflejaban su interés por la puesta en escena y la narrativa visual. El cine fue otra de sus grandes pasiones, un espacio donde pudo experimentar con la imagen en movimiento y el humor. Fue uno de los principales responsables de La Langosta Azul (1954), la primera película colombiana en la que se reconoce plenamente su vena surrealista, una obra que, junto con sus otras producciones, demuestra su constante exploración de nuevas formas de expresión artística.
En 2004, a los 83 años y antes de su fallecimiento, tomó la decisión de donar su colección personal a Bogotá, lo que permitió la creación de la Casa Museo Enrique Grau. Con más de 1.300 piezas, entre bocetos, esculturas y objetos personales, este espacio se ha convertido en un testimonio de su vida y trayectoria, permitiendo que su legado siga inspirando a nuevas generaciones de artistas y espectadores.
La exposición Grau, la otra mirada, además de ser un recorrido por una de las obras más impactantes de uno de los maestros más grandes del arte colombiano; es una invitación a repensar nuestra memoria histórica y a dialogar con las imágenes que nos confrontan con lo que somos y lo que podríamos ser. A través de sus lienzos, esculturas y bocetos, Grau nos habla de resistencia, de identidad y de las luchas que siguen vigentes en nuestra sociedad.
Por que #AquíSiPasa, esta es una oportunidad única para que bogotanos y visitantes se acerquen al arte como herramienta de transformación y memoria. La entrada es libre, porque el arte y la reflexión nos pertenecen a todos. ¡Los esperamos!